Era un frío día de otoño. Vitaly paseaba con su novia por el río Svisloch. De repente, oyeron gritos de socorro. Cuando se acercaron, descubrieron que era una mujer. Gritaba que había un niño en el agua. No había nadie más en la orilla. Tras quitarse la chaqueta, el niño saltó al agua, el niño se levantó durante unos segundos y luego el agua volvió a cubrirlo.

“El sábado paseaba con una amiga y oímos gritos de auxilio. Había una mujer y su bebé en la orilla del río. Pedían ayuda y gritaban que había un niño en el agua. En ese momento no había nadie más en la orilla”, cuenta Vitaly.
Vitaly corrió a la otra orilla: desde allí era más fácil llegar hasta el niño que se ahogaba. Dejándose los pantalones y las zapatillas, se precipitó al Svisloch.
Cuando lo agarró, el niño ya estaba inconsciente. Vitaly lo arrastró hasta la orilla. Para entonces ya se había reunido mucha gente y alguien llamó a una ambulancia. Los médicos empezaron a reanimar al bebé y lo llevaron al hospital.

“Mi novia intentó limpiarme con su jersey, una chica me dio una bufanda, los médicos me hicieron subir a la ambulancia para calentarme un poco. Y luego me fui a casa”, cuenta el joven héroe.
Vitaly se siente bien. Pero no considera su hazaña una proeza, y dice que actuó más bien por instinto.
“No pensé mucho antes de tirarme al agua. ¿Quién sino yo? Había dos chicos al otro lado, pero sólo miraban, así que no tuve elección”.
El chico tiene muchas esperanzas de que el niño que sacó del agua este sábado por la tarde se ponga bien. Y dice que lo volvería a hacer sin dudarlo.

Pero en el Ministerio de Situaciones de Emergencia calificaron el rescate del niño del agua por Vitaly como un acto de un hombre de verdad y un buen hombre.
No todo el mundo puede acudir en ayuda de otro, arriesgándose. Es digno de respeto.