La vida de Pamela Anderson ha tomado un giro sorprendente. La actriz conocida por su personalidad glamurosa ha cambiado las alfombras rojas por botas de goma y ha optado por una vida más sencilla en su granja canadiense.

Esta retirada al campo no es un capricho reciente. Anderson compró la propiedad en Ladysmith hace más de 30 años y la heredó de su abuela. Mientras su carrera en Hollywood prosperaba, su conexión con esta tierra permaneció intacta. En 2020, finalmente regresó, atraída por sus raíces.

La granja ofrecía algo más que un simple cambio de escenario. Le ofreció la oportunidad de reencontrarse con los valores que le había inculcado su abuelo, un hombre que le enseñó a vivir en armonía con la naturaleza. Anderson describe esta experiencia como un regreso a su esencia, a un lugar imbuido de “mitología” y una conexión con el mundo original.

La sostenibilidad y una vida más sencilla no siempre fueron fáciles para Anderson. Sus esfuerzos por promover un estilo de vida ecológico hace tres décadas fueron recibidos con escepticismo. A pesar de todo, continuó, incluso cuando sus ideas sobre productos de belleza caseros y el minimalismo eran ridiculizadas. “No es algo nuevo”, dice reflexionando sobre la actual popularidad de las prácticas sostenibles. “¡Pero es agradable ver que está de moda! En aquel entonces, la gente pensaba que estaba loca”.

