

“Canta de nuevo”, susurró, su voz apenas audible por encima del murmullo de anticipación que llenó la habitación. Dentro de esas tres simples palabras había un mundo de nostalgia, un ferviente deseo de reconectarse con una parte de sí mismo que había estado dormida durante mucho tiempo.
Para Simon, la música era más que simples notas en una página o melodías unidas en una sinfonía armoniosa. Fue un salvavidas, un faro de esperanza que lo guió a través de las noches más oscuras e iluminó el camino hacia la redención.
Sin embargo, en algún momento del viaje, la música había flaqueado y su otrora poderosa magia se había desvanecido en el fondo de su existencia. Fue una pérdida que dejó un hueco en su corazón, un espacio vacío que ansiaba ser llenado nuevamente.