
Día tras día, la casa se convierte en un campo de batalla de voluntades obstinadas, con Emma ignorando firmemente la presencia de Mimi y Mimi decidida a recuperar el afecto de su nieta.
Los padres de Emma, atrapados entre dos fuegos, intentan de todo, desde sesiones de mediación hasta intentos de corrupción con promesas de helado, pero sin éxito.

De vez en cuando, el hermano mayor de Emma, Alex, observa con diversión el drama que se desarrolla y ofrece su sabiduría, sugiriendo que tal vez el perdón sea la clave para poner fin al punto muerto. Finalmente, una noche, mientras la familia se reúne para la cena, Emma mira con deseo mientras Mimi sirve su plato favorito de espaguetis con queso extra.


Emma, conmovida por la sinceridad de su abuela y abrumada por su propio deseo de fortalecer su vínculo especial, abraza a Mimi y declara que le perdona.
Entre risas y alegría, la familia celebra el fin del impasse silencioso, dándose cuenta de que incluso las fracturas más pequeñas pueden ser sanadas con amor, perdón y una generosa porción de espaguetis.