En un pequeño rincón del continente africano, en el centro de Uganda, hay una persona con un alma fascinante: María Galán. Esta dinámica joven española ha anclado en su mundo cotidiano un lema simple y elocuente: “cada sonrisa es importante”. Mucho más que un eslogan, para ella representa una forma de vida que refleja su concepción de una familia extensa donde todos los niños son mimados y donde cada sonrisa es importante.

Con apenas veinticinco años, María ya ha logrado hitos notables. Licenciada en Economía y Comercio Exterior, siempre ha tenido un interés particular por la suerte de los niños en situaciones vulnerables. Su historia comenzó cuando decidió ir a Uganda, con el firme deseo de ayudar a un orfanato.

Pero la casualidad quiso que fuera diferente. Durante su estancia en Uganda, el Covid19 se propagó y la obligó a no regresar a Europa como había planeado. Sin embargo, María no se contenta con desanimarse. Ante esta situación imprevista, prefirió convertir un desafío en una oportunidad para transformar vidas. Se entera de que el orfanato al que quería ayudar tuvo que cesar sus actividades, provocando la desaparición de treinta y dos niños, sin hogar y sin esperanza. En lugar de huir de tal situación de incertidumbre, María quiso quedarse en África y cuidar de estos niños abandonados. Así nació la fundación Babies Uganda, un programa lleno de esperanza y ternura. Con Maribel, otra voluntaria de buen corazón, María trabajó incansablemente para asegurar el alojamiento, la educación y la atención médica de estos pequeños.

En esta misión, la vida cotidiana estuvo marcada por pruebas y desafíos por superar. Sin embargo, para María lo principal era nunca decepcionar a estos pequeños, sin importar las circunstancias.

En un mundo donde cada sonrisa importa, María Galán representa el poder de la compasión y el amor. Su historia es un conmovedor testimonio del deseo del ser humano de superar los obstáculos y cambiar el curso de las cosas.