Los bebés con esta enfermedad nacen con piernas fusionadas que se asemejan a la cola de una sirena y, a menudo, tienen anomalías en los órganos internos. Esta rara enfermedad suele tener un pronóstico sombrío y los niños afectados no suelen vivir mucho tiempo.

Cuando Shiloh nació, los médicos predijeron que no sobreviviría más de cuatro días debido a graves problemas de salud. Sin embargo, se sometió valientemente a múltiples cirugías y superó todas las expectativas al vivir una vida activa.

Shiloh era alegre y extrovertida, practicaba deportes, bailaba y nadaba a pesar de su grave enfermedad. Tenía preferencia por la ropa y las joyas hermosas y brillantes. Sus habilidades intelectuales eran excepcionales y a menudo superaban a las de sus compañeros. A Shiloh también le gustaban mucho las mariposas, a menudo las dibujaba y decoraba su habitación con adornos de mariposas.

Familiares y amigos recuerdan que Shiloh nunca se quejó de su enfermedad. En cambio, a menudo expresaba que su enfermedad no le impedía disfrutar de la vida.

Shiloh vivió 10 años, notablemente más que la mayoría de los niños con sirenomelia. Finalmente sucumbió a una neumonía que se desarrolló a partir de un resfriado. A pesar de los esfuerzos de los médicos, no pudieron salvarla.

Shiloh Pepin será recordada por su familia, parientes y amigos como una niña excepcional con un gran corazón.