Bianca Brie se vio inevitablemente atraída por el mundo de la actuación y creció en medio de las hazañas cinematográficas de su padre, el famoso artista marcial Jean-Claude Van Damme, y su madre, la ex culturista Gladys Portugez. A pesar de los vínculos de su familia con las artes marciales, la infancia de Bianca también le inculcó la pasión por el deporte, gracias a la formación atlética de su madre.

Desde temprana edad, Bianca estuvo involucrada en diversas disciplinas como kárate, kickboxing, boxeo, ballet y patinaje artístico. Aunque inicialmente soñaba con competir en los Juegos Olímpicos de Invierno como patinadora artística, finalmente encontró su vocación en el patinaje de velocidad y puso su mirada en los Juegos Olímpicos de 2010.

Sin embargo, el destino tenía otros planes para Bianca. Una lesión en la espalda sufrida durante la carrera, agravada por el traslado de la familia a Vancouver, Canadá, acabó con sus aspiraciones olímpicas.

Sin desanimarse, Bianca centró su atención en la actuación, estudió con John Casablanca en Vancouver y debutó en la pantalla en 2008.

A pesar de las dificultades iniciales, incluida la de ser percibida como favorecida debido a su origen étnico, Bianca perseveró y consiguió papeles en películas como “El francés” (2010) junto a su padre y “Killer Games” (2011). Un encuentro casual con el director Dominic Burns le abrió nuevas oportunidades en el Reino Unido, donde aceptó trabajos de especialistas y perfeccionó sus habilidades interpretativas.

Al descubrir una nueva pasión, Bianca continuó ampliando su repertorio actoral, protagonizando varias películas y logrando éxito en la industria.

Además del trabajo cinematográfico, descubrió el amor por la poesía y las obras literarias, demostrando aún más su talento versátil y su expresión artística.