Sasha Osipova creció siendo una niña delgada hasta que ocurrió un infortunio. A los tres años, tuvo que someterse a un tratamiento por envenenamiento con un producto químico antiparasitario que ingresó a su cuerpo junto con una hoja de un arbusto tratado.

Después del tratamiento, sus niveles hormonales se desequilibraron y su peso comenzó a aumentar a pasos agigantados. Para cuando terminó la escuela, la chica pesaba 125 kilogramos, lo que equivale a una talla 62. Pero ella no tenía complejos: sus amigos la querían tal como era, y se vestía a la moda.

Sasha recuerda: «Pedía cosas por Internet, incluso mis amigos se sorprendían de mi guardarropa. No me avergonzaba usar prendas transparentes o ajustadas. Por ejemplo, tenía leggings de estampado de leopardo, todo era como en chistes sobre mujeres gordas.»

En las reuniones, los chicos conocían a sus amigos y le decían que ella era una buena persona. Y la chica decepcionada se preguntaba constantemente: si soy tan buena persona, ¿por qué nadie me ama? Simplemente no se daba cuenta de su peso.

Sasha comía de todo y nunca se subía a la balanza. Estaba segura de que pesaba «solo» 120-130 kilogramos, hasta que un día un amigo la convenció de pesarse.

La chica decidió perder al menos 10 kilogramos. Para empezar, redujo la cantidad de dulces, dejando de comerse un pastel entero por la noche :), sino solo un trozo. Para el almuerzo, comía no pizza, sino alforfón.
