Cuando visitaron a Angela por primera vez, la pareja quedó profundamente indignada por la pobreza en la que ella vivía. Su casa parecía una choza abandonada: paredes destartaladas, sin comodidades modernas, suelos de cemento y tierra. Entraba muy poca luz por la ventana, por lo que la casa estaba oscura.

Aniela vivía de modestos beneficios sociales que le proporcionaban comida y necesidades básicas.

La pareja rápidamente se dio cuenta de que una simple visita con algunos suministros no sería suficiente. Entonces decidieron hacer algo.
Cuando la abuela llegó a casa, no podía creer lo que veía. La transformación fue tan dramática que no pudo contener las lágrimas de alegría. Para ella, fue un verdadero milagro.
El matrimonio Kopeć demostró que la bondad y la unidad pueden hacer maravillas.

Sin la ayuda de muchos voluntarios, esta historia podría haber terminado de manera diferente.

