Hace un mes, mi novia encontró en un basurero una cómoda vieja y casi completamente destruida: sin cajones y en mal estado. Pero en lugar de dejarlo allí, decidió darle nueva vida y transformarlo en su casa de campo.

Comenzó quitando el revestimiento viejo de la cómoda usando líquido lavavajillas y una esponja de metal.
Aunque la madera no era particularmente valiosa, requería un tratamiento cuidadoso. Por ello, desengrasó a fondo la superficie y eliminó los viejos defectos con papel de lija.
Luego vino la pintura: para el interior eligió un color sobrante de un viejo zapatero, mientras que el exterior lo pintó en “verde musgo”, lo que le dio al mueble un aspecto fresco y natural.

Aunque era esmalte acrílico, la consistencia recordaba a una pintura alquídica más densa y se aplicó perfectamente en dos capas. Para disimular juntas e irregularidades utilizó un listón de madera y masilla.
Como no había cajones, decidió instalar puertas de listones de madera. Sin embargo, la madera comprada en verano estaba ligeramente deformada, lo que le daba al diseño un encanto natural y rústico.

Para darle un toque interesante a las puertas, colocó una rejilla de metal que pintó en un noble tono dorado. Los toques finales fueron tiradores y bisagras de latón vintage, que le dieron a la cómoda elegancia y perfección.
Esta cómoda de diseño propio se convirtió en una auténtica obra de arte que encajó perfectamente en el acogedor ambiente de la casa.

¿Qué te parece el resultado? ¡Este proyecto realmente merece reconocimiento! ¡Mi novia tiene manos de oro!