Annegret Raunig, que vive en Alemania, ha pasado toda su vida desafiando la opinión pública y las expectativas. A los 65 años ya había criado nueve hijos.
Parecía que por fin era posible relajarse, vivir para uno mismo y disfrutar de la comunicación con los nietos. Pero Annegret decidió lo contrario y volvió a ser madre. Esta vez, cuatro bebés a la vez.
Annegret nunca fue tímida cuando se trataba de decisiones de vida. Se casó sólo una vez, pero tuvo 12 hijos con cinco hombres diferentes.

Ella no revela quiénes eran estos hombres ni por qué las cosas no funcionaron con ellos. El resultado es importante: ella misma crio a todos sus hijos, sin ayuda externa. Hoy, su hija mayor ya tiene más de 50 años y sus hijos menores no tienen ni 10 años.
Cuando anunció a los 55 años que quería tener otro hijo, se rieron de ella. ¿Para qué necesitas eso? —preguntaron los médicos y vecinos. Pero diez años después, sorprendió a todos aún más: a la edad de 65 años, dio a luz a cuatro hijos: tres niños y una niña.

Ningún médico podía darle garantías. Los médicos estaban seriamente preocupados por su salud y le aconsejaron tener un máximo de dos hijos para reducir el riesgo.
La presión, el desgaste del cuerpo, la edad… todo ello hacía que los embarazos múltiples fueran extremadamente peligrosos. Pero Annegret no lo dudó: “Si el destino me envió cuatro, entonces debo darles vida a todos”.
Los niños nacieron prematuramente y pesaron sólo un kilogramo cada uno.

Pero los cuatro sobrevivieron. Con su tenacidad y fe en la vida, Annegret ha demostrado una vez más que la edad no es un juicio si tienes amor y voluntad de luchar.