Una manada de lobos permanecía inmóvil sobre las vías, aparentemente intentando detener el tren. El maquinista se acercó y se dio cuenta de lo que los lobos custodiaban.

El día invernal era tranquilo y frío. El maquinista siguió su ruta habitual; todo parecía normal. Pero entonces notó algo inusual: una manada de lobos parados directamente sobre las vías.
No huyeron hacia el bosque, como suelen hacer los depredadores cuando se acerca un tren. En cambio, parecían bloquear el paso deliberadamente. Sus ojos ámbar brillaron bajo los faros, y uno a uno, emitieron gritos largos y penetrantes que le provocaron escalofríos.
Instintivamente, frenó. Las ruedas chirriaron y el tren avanzó unos metros antes de detenerse. Un lobo casi quedó atrapado bajo las ruedas, pero la manada no se inmutó. Permanecieron firmes sobre las vías.
Al principio, el maquinista pensó que solo tenían hambre, o tal vez estaban locos. Pero entonces entrecerró los ojos, intentando comprender por qué actuaban así.
Y entonces lo vio: algo inusual yacía en la nieve, justo en las vías 😱😱
Un hombre, vestido de blanco, yacía inmóvil.
El maquinista saltó. El aire gélido le azotó la cara. Para su sorpresa, los lobos no atacaron. Se separaron ligeramente, permitiéndole acercarse al hombre.
Fue como si los animales comprendieran: este hombre era preciado para ellos y habían detenido el tren para protegerlo.
El maquinista se inclinó y le tomó el pulso. El hombre seguía vivo, apenas respiraba. Le frotó las manos y controló cuidadosamente su respiración mientras lo ayudaba a recobrar el conocimiento. Lentamente, los ojos de la víctima se abrieron, con los labios temblando de frío. Susurró:
—Ellos… me salvaron…
La verdad pronto se aclaró. Varios atacantes habían golpeado al hombre y lo habían arrojado a las vías, con la esperanza de que el tren rematara con él. Pero los lobos, al presentir el peligro, formaron una barrera protectora y se negaron a sufrir daño.
El ingeniero pidió ayuda por radio. Mientras esperaba, envolvió al hombre en una manta vieja y un abrigo. Durante todo este tiempo, los lobos permanecieron cerca, vigilantes e imperturbables.
Cuando finalmente llegaron los rescatistas, los lobos se escabulleron silenciosamente de nuevo al bosque. Su misión estaba cumplida.